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Llega el nuevo curso: los retos emocionales de niños y adolescentes ante los cambios educativos

La entrada al instituto y el paso a los estudios postobligatorios son dos momentos de cambio importantes en la vida de un niño y de un adolescente. Aunque a menudo se viven con ilusión y expectativas, también pueden generar miedos, inseguridades y malestar emocional, especialmente entre aquellos jóvenes con dificultades de adaptación, rasgos ansiosos o perfiles neurodiversos.

Como profesionales de la salud mental infantojuvenil, sabemos que el paso de primaria a la ESO representa una ruptura significativa con el entorno conocido. Los alumnos dejan atrás una escuela en la que han pasado buena parte de su infancia para incorporarse a un instituto más grande, a menudo compartido con estudiantes procedentes de varios centros. Esta situación despierta sentimientos de incertidumbre y temor ante lo desconocido.

En consulta, algunos niños llegan a representar este cambio a través de imágenes simbólicas como un “abismo” o una “cueva oscura”, mientras que otros lo imaginan como un espacio lleno de oportunidades, nuevos amigos y experiencias. También es habitual que, una vez iniciada la etapa, algunos alumnos manifiesten nostalgia de la primaria y del sentimiento de seguridad que les proporcionaba su entorno anterior. Otros también muestran desorientación y necesitan un tiempo para adaptarse, lo que puede generar conductas disruptivas y desajustadas.

Las dificultades suelen aparecer con mayor intensidad en jóvenes con rasgos fóbicos o ansiosos, problemas relacionales o dificultades adaptativas previas. Por ello, consideramos especialmente importante el acompañamiento en estos casos y la coordinación entre escuelas, institutos y servicios especializados.

El primer curso no lo determina todo

A pesar de la importancia simbólica de la llegada al instituto, queremos subrayar que las experiencias vividas en primero de ESO no determinan necesariamente el resto de la etapa educativa. Muchos adolescentes que han tenido dificultades de adaptación durante los primeros cursos consiguen encontrar su lugar más adelante gracias al acompañamiento familiar, educativo o terapéutico.

Cuatro años después aparece otro gran reto: decidir qué hacer al terminar la ESO. A diferencia del paso al instituto, esta transición implica pasar de un itinerario obligatorio a un camino que, en buena medida, depende de las propias decisiones.

Esta situación genera sentimientos contradictorios. Por un lado, muchos jóvenes experimentan alivio e ilusión ante la posibilidad de escoger estudios más alineados con sus intereses. Por otro, también aparecen dudas, miedos y presión ante la necesidad de tomar una decisión que perciben como importante para su futuro.

Recordamos que no todos los adolescentes llegan a este momento con el mismo nivel de madurez ni con las mismas circunstancias personales. Algunos tienen dificultades para imaginarse cursando estudios futuros o rechazan el mundo académico después de años de malas experiencias escolares. Por este motivo, consideramos necesario que el sistema educativo ofrezca itinerarios flexibles y distintos momentos para tomar decisiones a lo largo de la trayectoria formativa.

La presión de las notas y el miedo a equivocarse

La elección de los estudios postobligatorios también puede conllevar un elevado nivel de exigencia. Lo vemos cada día desde los CSMIJ: algunos de los jóvenes que aspiran a carreras con notas de corte muy altas viven situaciones de gran presión, conscientes de que necesitan mantener expedientes excelentes durante el Bachillerato y obtener muy buenos resultados en las PAU. Esta exigencia a menudo implica dedicar muchas horas al estudio y renunciar a actividades de ocio propias de la adolescencia.

Al mismo tiempo, seguimos viendo cómo persisten ciertos prejuicios hacia aquellos jóvenes que deciden incorporarse directamente al mundo laboral o que no tienen claro si quieren continuar estudiando.

Ante estas transiciones, las familias siguen siendo una pieza clave. En los grupos de apoyo a padres y madres que organizamos desde la FETB aparecen a menudo preocupaciones relacionadas con el éxito o el fracaso escolar, la sobreprotección, la necesidad de poner límites, la responsabilidad de los hijos o la gestión de los cambios propios de cada etapa evolutiva.

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