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El buen trato: reflexiones acerca del abuso verbal contra la infancia

Las mentes de los niños deben construirse, no repararse

Peter Fonagy

Por Sunsi Segú, María José Ruiz, Laura Valero y Cesarina Ontiveros, trabajadoras sociales de la FETB

Peter Fonagy, jefe de la división de Psicología y ciencias del lenguaje del University College London y director ejecutivo de la organización benéfica Anna Freud, nos ilustra con este artículo, a la luz de los últimos estudios, sobre cómo el maltrato verbal a los niños tiene repercusiones significativas para la salud mental y emocional de la infancia.

El día en el cual se nos invita a reflexionar sobre el maltrato infantil, su origen y sus consecuencias, es necesario poner también el foco en la violencia que, con más frecuencia de la que imaginamos, se ejerce contra la infancia: el abuso verbal. Este tipo de abuso suele ir acompañado de expresiones faciales de desprecio y miradas muy desalentadoras.

No debemos menospreciar el poder que el lenguaje y el impacto de las palabras, el tono y los gestos que los acompañan ejercen sobre nuestros niños y adolescentes.

Los menores confían en los adultos en general y en sus padres en particular; confían en las figuras que deberían cuidarlos y ampararlos. Aquellas personas referentes con las que han establecido un vínculo emocional significativo, un vínculo consistente y duradero que les debería otorgar seguridad, teniendo el deber protector de cuidar y   transmitir confianza. A la luz de estas afirmaciones podemos concluir que cualquier conducta / verbalización inadecuada hacia un menor socaba su autoestima y traiciona la confianza depositada en los adultos que le quieren.

Según estudios e investigaciones sobre el tema que nos ocupa, un alto porcentaje de niños/as y adolescentes está expuesto a hostilidad verbal y no verbal que, quizás aun pareciéndonos menos dañina que el maltrato físico, a largo plazo tiene los mismos efectos sobre la salud mental y emocional.

Bajo autoconcepto y baja autoestima, trastornos ansioso-depresivos, trastornos de conducta, aislamiento, autolesiones, necesidad de reeditar las experiencias vitales aprendidas ejerciendo violencia o creyendo ser merecedor de ésta estableciendo relaciones sometidas a cualquier tipo de maltrato y abuso, son solo algunas de las consecuencias de haber sido víctima de abuso verbal.

En nuestro trabajo con los padres y adultos de referencia ponemos el foco en la protección del menor y de la familia, lo cual nos lleva a realizar una tarea de prevención y acompañamiento fomentando una crianza “amable” y positiva, ofreciendo orientación y nuevas actitudes que generen bienestar y procurando transmitir a las familias y adultos de referencia la necesidad de evitar palabras que comprometan el apego y violenten enormemente a los menores.

Humillar, avergonzar, transmitir decepción, despreciar, comparar, intimidar y controlar, entre otras, son actitudes que a través de la palabra y el gesto desconciertan, tensionan y cofunden aportando grandes dosis de inseguridad, soledad y maltratan al hijo.

Situaciones en las que éste es testigo de la violencia verbal entre sus padres y/o se le transmiten mensajes dañinos acerca del padre o de la madre afectan gravemente a su autoestima y son acciones maltratadoras que afectan gravemente a la salud mental del hijo alterando -y a menudo vulnerando- lo que debería ser su espacio de seguridad. Con frecuencia asistimos a situaciones que atrapan a los menores en una espiral de violencia intrafamiliar que genera un alto nivel de angustia psicosocial.

En el ejercicio de nuestra responsabilidad protectora nos dirigimos a los padres con el fin de transmitirles la necesidad de preservar a los hijos del conflicto adulto, ya que como se ha dicho éste les atrapa, confunde, culpabiliza, genera confusión y afecta gravemente a su autoestima y autoconcepto.

Tristemente el maltrato verbal y gestual también puede darse, y se da, en el ámbito educativo, deportivo, lúdico o musical, cuando un educador, entrenador, maestro o profesor se dirige a los menores a su cargo en los términos descritos anteriormente.

Los adultos referentes somos modelos de conducta de los menores que tenemos a cargo, tanto en casa como fuera. ¡Ejerzamos el buen trato! El trato amable, el trato que pone el acento en la valoración del esfuerzo, en el orgullo de hijo, nutriendo emocionalmente al menor que merece crecer sintiéndose válido y prioritario, merecedor de contar con relaciones suficientemente buenas por parte de sus padres y educadores.

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