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Entendiendo la complejidad del TDAH con Maite Miró

Maite Miró es doctora en Medicina, psiquiatra y psicoanalista. Trabaja en el CSMIJ (Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil) de Gracia y en el programa de colaboración entre la FETB y el Hospital de Sant Pau. También es profesora titular de la Universidad de Barcelona y exjefa del Servicio de Psiquiatría Infanto-juvenil del Hospital de la Cruz Roja.
¿Qué es el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA/H)?
Es una alteración de la función ejecutiva, que comprende las capacidades de atender un estímulo, planificar y organizar una acción e inhibir las respuestas automáticas e impulsivas cambiándolas por unas más reflexivas.
Si lo definimos por los síntomas, los principales y más característicos son el déficit de atención, la hiperactividad y la impulsividad. Pero debemos decir que son manifestaciones que también aparecen en otras problemáticas psicopatológicas y, por tanto, habrá que realizar un diagnóstico muy preciso.
¿Cuáles son los síntomas más frecuentes para detectarlo?
Falta de atención: dificultades para mantener la atención. Son personas que pueden distraerse con facilidad ante estímulos externos y que presentan dificultades para organizar una tarea. Como consecuencia, es frecuente un rendimiento académico que habitualmente está por debajo de sus capacidades.
Hiperactividad: se presenta una inquietud motriz superior a la que deberíamos esperar en un niño, y se puede observar en situaciones cotidianas dentro del aula como levantarse de la silla, hablar a destiempo, etc. Esta hiperactividad es el movimiento por sí mismo, que a menudo no tiene una finalidad específica.
Impulsividad: actuar sin pensar, no puede esperar, no tolera la frustración, sobre todo cuando prevalece un deseo, que se convierte en algo perentorio. Dificultades para respetar su turno.
¿A qué edad se suele desarrollar?
A menudo, padres, madres y educadores pueden referir conductas compatibles con el TDA/H en niños/as incluso en edad preescolar. Estas se pueden acabar concretando en un diagnóstico de TDA/H o simplemente quedarse en rasgos de personalidad y conducta que no tienen una incidencia determinante o patologizante en el desarrollo de la vida cotidiana. La detección y la atención precoz son esenciales para poder precisar este diagnóstico.
¿Puede ser genéticamente hereditario?
Es complicado responder porque en los últimos años se han realizado multitud de estudios y de investigaciones al respecto. Las conclusiones más contundentes apuntan a la existencia de genes predisponentes al TDA/H, pero en ningún caso determinantes en su desarrollo. Esto supone que, además de una eventual predisposición genética, serían necesarios otros factores epigenéticos que, añadidos, podrían terminar constituyendo un diagnóstico de certeza en esta línea. Cuando hablo de la epigenético diría, sintetizando, que esta comprende aquellos factores del entorno, incluyendo evidentemente los emocionales, relacionales y ambientales, que participan y modulan la evolución de un ser humano desde el nacimiento o, incluso, antes del nacimiento.
¿Hay un sobrediagnóstico de este tipo de trastorno o ahora hay más casos?
Una característica de este síndrome es su variabilidad estadística según el país, la región, etc. Se ha dicho mucho que hay un sobrediagnóstico del TDAH. Y es preocupante. Pero también lo es la variabilidad estadística que hay, de forma que en Cataluña pueden existir variaciones importantes del número de casos diagnosticados en función de la zona geográfica. Uno de los factores que ha contribuido a que haya más casos ahora que hace unos años es la aparición del TDAH en las clasificaciones diagnósticas (DSM o CIE): a partir de ahí se multiplicaron los diagnósticos exponencialmente.
No podemos obviar que en determinados momentos el TDA/H ha contado con una difusión importante a nivel mediático y social, así como con partidas económicas destinadas a la investigación aplicada del síndrome. Son factores que han contribuido a dar más protagonismo a este trastorno.
En los últimos años se ha estabilizado este crecimiento y en la actualidad, desde el día a día de la psicología y la psiquiatría infantil y juvenil, diríamos que se ha podido contener o racionalizar lo que en algún momento puede haber supuesto un sobrediagnóstico o un diagnóstico realizado sólo a partir de la conducta observada.
¿Como se trata el TDAH en la FETB?
Las líneas generales que compartimos los profesionales de la FETB son principalmente: ayudar a disminuir el sufrimiento, teniendo muy en cuenta los factores relacionales y emocionales que influyen en la situación y que participan en las causas y/o en el desarrollo de los síntomas, utilizando los fármacos según unos criterios determinados.
Partimos de un enfoque multidisciplinar y de aproximación y una asistencia global al menor y a su familia que nos permite establecer un diagnóstico dinámico, así como los factores estresantes o desencadenantes de posibles reacciones desajustadas que en algún momento pueden confundirse con el TDA/H.
A nivel terapéutico tratamos de ofrecer la asistencia psicoterapéutica adecuada, que incida en la capacidad de organización personal, la tolerancia a la frustración, la espera, que ayude a fortalecer una autoestima a menudo afectada por la sensación de fracaso que pueden vivir estos niños/as.
¿Es recomendable hacer un tratamiento farmacológico?
Depende del criterio clínico. Si los síntomas representan un freno en la evolución del niño/a, en sus aprendizajes, o representan una fuente de sufrimiento para el niño y su familia, creo que es recomendable. También lo es si la ayuda psico-pedagógica no es suficiente. Todo ello, contemplando la farmacología como un elemento más del tratamiento que pueda permitir al niño/a reducir al máximo los síntomas y también romper círculos viciosos que a menudo se establecen en estas situaciones.
¿Qué aconsejarías a las familias que conviven con alguien que tiene TDAH?
Que consulten con un profesional que, a poder ser, contemple los factores que he mencionado en los puntos anteriores. Es importante que la familia pueda hacer una lectura adecuada de las manifestaciones conductuales de sus hijos/as, evitando interpretar las mismas como provocaciones.
Se debe poder partir del sufrimiento que esto supone para el niño/a, que en su expresión conductual puede estar menudo expresando aspectos emocionales que le producen una inquietud y un malestar que no consigue regular de forma adaptativa.
Como sociedad tenemos el compromiso de construir un espacio acogedor y comprensivo hacia estos niños/as y sus familias, contribuyendo a evitar la exclusión, la culpabilización y el estigma.

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