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Padres prematuros (1ª parte)

La vida sucede de formas y maneras imprevistas e inesperadas.

En ocasiones, lo que habíamos planificado, fantaseado, toma caminos que nos desubican, dando paso a una gran incertidumbre.

La maternidad y la paternidad pueden ser un deseo, un proyecto, una identidad, a menudo central en el relato de vida de las personas. Quien desea ser padre o madre lo piensa, lo dibuja con todo lujo de detalles, con amor, miedo, con inseguridad, con ilusión… Contemplando miles de variables, de escenarios posibles, pero uno no suele imaginarse siendo un padre o una madre prematuro.

El tiempo se detiene cuando se recibe la noticia de una posible o probable prematuridad en el nacimiento de nuestro bebé.

La amalgama de pensamientos, sentimientos y sensaciones que nos golpean son de tal magnitud que difícilmente pueden ser elaboradas, menos aún con la celeridad que uno desearía y necesitaría en ese momento.

El miedo, la incertidumbre, la inseguridad, la culpa, la rabia te revuelven, se extienden sin tiempo de reacción, sin espacio para ordenar y reubicar todo aquello que, de la nada, pasa a ser central en nuestro presente y futuros proyectados, así como en la propia identidad como persona y como madre/padre. Nos encontramos abocados a una realidad en la que en cierto modo hemos perdido el control. Una realidad que, al mismo tiempo, nos empuja a buscar fortalezas y puntos de anclaje, de apoyo, que, bajo la maraña del tsunami emocional, te permitan sostenerte y confiar.

Los futuros padres se convierten en padres prematuros.

Prematuros no sólo por el hecho de que nuestra criatura nazca antes de alcanzar el tiempo previsto de gestación. Prematuros porque, al igual que nuestros pequeños/as, no hemos cubierto las etapas previstas, porque también nos ha faltado un tiempo para acabar de gestar a nuestro hijo/a, para sentirlo crecer un poco más, moverse, para ir reorganizando la vida, haciendo espacios, mentales y reales, con el fin de irnos proveyendo de lo necesario para podernos iniciar en la aventura parental.

Prematuros/as porque cuando ni siquiera estábamos del todo preparados para lo que tenía que venir, lo previsto, debemos prepararnos para añadir nuevos retos, tanto antes como después del nacimiento. Unos retos del todo inesperados y, por si fuera poco, tenemos menos tiempo para asimilarlos y adaptarnos… Siendo clave en el proceso la confianza con el equipo clínico y asistencial, ya que esta confianza te permite apoyarte en los y las profesionales y mirar hacia adelante.

Hay que matizar que la prematuridad es una circunstancia, importante, pero una circunstancia que, como otras, supone muchas variantes y situaciones, historias y relatos, gravedades e impactos distintos. Es sobre todo un hecho sometido a la subjetividad, y, por tanto, como en otras situaciones, incuestionable e inopinable. Las experiencias de la prematuridad son infinitas, son cada una de las historias.

El anuncio de que tu hijo/a llegará con una prematuridad importante desencadena toda una serie de hechos, acciones, reacciones, estados de ánimo y actuaciones, propias y del entorno, así como una forma peculiar de afrontar los duelos cuando entiendes el impacto de la noticia. Sin haber procesado que no verás crecer más la barriga de la madre o que no estarás a tiempo de preparar la habitación, te sorprendes ilusionado mientras eliges la primera muda de tu hijo. Y un rato después, te sientes invadido al imaginar los retos que tendrá que afrontar ese pequeño nada más llegar al mundo… Y te preguntas si tú estarás a la altura para poder acompañarle.

El ritmo del tiempo cambia, tienes que pensar, digerir, llorar, ser fuerte, tienes que intentar ser, como mínimo, tan valiente como tu hijo deberá ser… Y encuentras, no sabes cómo, el convencimiento que sea como sea, saldréis adelante.

Tienes ganas de verlo, también tienes miedo a cómo será este momento. Mientras no ha nacido, todo es posible; cuando nace, la realidad se impone.

Pero… Cuando llega el momento, dejas todo a un lado y sólo puedes pensar que te espera alguien que te va a necesitar y que seguramente no serás el mejor padre/madre del mundo, pero sí que vas a intentar ser el mejor para él.

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