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"Hoy una chica de mi escuela se ha suicidado"

¿Cómo podemos abordar la prevención del suicidio a nivel comunitario? Compartimos el testimonio en primera persona de la psicóloga Cristina Carbó*:
Justo antes del verano viví de cerca y en primera persona una intervención comunitaria a raíz del suicidio de una joven de 15 años. Un chico, en espacio de psicoterapia grupal de adolescentes, curiosamente uno de los que casi nunca hablaba, fue el primero en querer decir algo ese día: «Hoy una chica de mi escuela se ha suicidado».
La frase no iba acompañada de ninguna emoción explícita. Pero el impacto que aquellas palabras causaron en el grupo, tanto para los jóvenes como para los terapeutas, fue fuerte. Surgieron reacciones de todo tipo: desde risas y bromas hasta caras serias y cabezas gachas.
Las reacciones ante el impacto pueden ser muy diversas. El protagonismo lo tomaba la euforia y los terapeutas tuvimos que ayudar a dar voz a la parte que se quedaba en silencio, que era seguramente la más visiblemente afectada ante aquella noticia.
La voz del joven que había sido el primero en hablar, junto a otras intervenciones, reivindicaba el papel casi inexistente de la Salud Mental en las escuelas. Una chica decía: «Debería ser obligatoria una asignatura sobre Salud Mental». La voz de los jóvenes fue la fuerza que nos empujó a pensar: ¡hay que hacer algo!
Junto con el EAP (Equipo de Asesoramiento y orientación Psicopedagógica) y el Equipo Psicopedagógico de la escuela donde acudía la chica, decidimos organizarnos y, a través del Konsulta’m (*) ofrecimos nuestra ayuda. En coordinación telefónica y muy cerca de la finalización del curso, íbamos sintiendo y compartiendo la necesidad de que los jóvenes no se fueran de vacaciones sin darles la oportunidad de hablar sobre lo ocurrido.
Se hacía indispensable encontrar la manera de ofrecer un espacio, pero el poco tiempo del que disponíamos nos jugaba en contra. Lo ideal hubiera sido poder encontrarnos en formato pequeño, un número reducido de alumnos, quizá por clases. Pero quedaban muy pocos días antes de las vacaciones, así que organizamos unos encuentros por cursos, empezando por el curso correspondiente a la joven. De esta manera quedaba cubierta, al menos, toda la ESO.
Teníamos claro que no queríamos ir a dar ninguna charla, me venía a la cabeza la voz de otra adolescente diciendo que «este tipo de charlas en las que una persona mayor va y te mete la chapa sobre un tema del cual, tal vez, no tiene ni idea porque no lo ha vivido en primera persona, no sirven de nada», y yo estaba de acuerdo con que éste no debía ser el formato.
No. Teníamos que ir sin nada previsto, en disposición de acoger lo que nos compartieran y, desde nuestra experiencia y conocimiento en cuanto a la gestión de las emociones, articularlo y poder hacer un retorno lo más a medida posible de las necesidades de cada grupo. En definitiva, desarrollar un modelo in situ, desde nuestra experiencia como profesionales, pero adaptado a ellos, a su vivencia y a sus necesidades ante una situación tan impactante.
El suceso de esta joven invitaba de una forma alarmante a hablar sobre el sufrimiento mental y así es como empezamos a introducir los encuentros con cada curso. ¿Qué hacemos con el sufrimiento, con el malestar? ¿Qué hacemos cuando nos pasan cosas? Cuando sufrimos o vemos sufrir ¿tenemos con quien hablar? ¿Podemos pensar sobre este sufrimiento? ¿Nos lo quedamos para nosotros o lo sacamos afuera, en el otro?
SILENCIO, se hacía siempre un gran silencio. ¿Quién era el valiente que se lanzaba a hablar en una atmósfera y sobre una temática como ésta? Soportar y sostener el silencio con ellos/as, ya fue un gran primer paso…
Los primeros valientes fueron los maestros, referentes importantísimos para los jóvenes. Uno de ellos explicó cómo había sido su propia adolescencia, recordando una etapa difícil y compleja. Una intervención cercana que creo que facilitó que los jóvenes fueran espontáneamente levantando la mano y saliendo ante sus compañeros/as para expresar sus sentimientos hacia la compañera que se había suicidado y hacia el sufrimiento y las diversas formas en que se puede manifestar (autolesiones, bullying, etc.). Se pedían entre ellos respecto, se ofrecían a ayudar cualquiera de ellos/as, tuvieran más o menos relación, por si alguna vez necesitaban a alguien para hablar de algo que les preocupara.
Abordamos el tema de la pandemia y lo que ha supuesto todo este tiempo de confinamiento como situación generadora de malestar y sufrimiento emocional. Había quien expresaba que contaba con familia y amigos que le podían dar apoyo y escucha cuando lo necesitara, había quien no tenía este apoyo.
Entre todos íbamos haciéndonos preguntas que nos ayudaban a sentir y reflexionar, y eso daba lugar a nuevas preguntas. Más que procurar responderlas, tratábamos de acompañarlas mostrando su complejidad.
Cada grupo mostró unas necesidades, inquietudes y una forma de gestionar el impacto y el sufrimiento de una determinada manera. Y a pesar de ser las mismas conductoras en los encuentros, cada grupo tomó una atmósfera, melodía y color determinado. Se entrelazaron las intervenciones de los maestros y las de los alumnos/as, pero todos compartían el hecho de que se hablaba desde el corazón, desde la emoción, y no desde la teoría, desde el saber.
Al final de estos encuentros con los alumnos, se nos pidió si podíamos ofrecer un espacio para los maestros, que también estaban muy afectados tanto por el suceso como por la repercusión mediática, sumado a la cantidad de meses con «medidas COVID» de por medio. Este encuentro también fue muy emotiva y enriquecedora para todos/as.
La experiencia fue difícil, llena de incertidumbre, pero también de convicción. Nuevamente los jóvenes nos sorprendieron y nos mostraron que, cuando se les da la oportunidad, saben aprovecharla. Nos dieron una lección de cuán capaces son de gestionar la adversidad si los acompañamos orientándolos en el camino, pero a la vez también dejándoles margen, encontrando el justo equilibrio.
Para la prevención del suicidio es fundamental poder hablar del sufrimiento emocional y de las maneras como las personas, las familias y la sociedad gestionamos este tipo de malestar. Y de que según como lo podamos hacer nos encontramos con unas consecuencias más benevolentes o nocivas.
La situación pandémica nos ha hecho conectar como sociedad con nuestra vulnerabilidad y, consecuentemente, ha disparado el número de consultas y, al mismo tiempo, de intentos autolíticos. El suicidio es la forma más radical y absoluta que hay de autolesión, y no deja de ser fruto de la imposibilidad de gestionar o eliminar el sufrimiento mental. Pero ¿hay que eliminarlo? ¿Esta debe ser la pretensión? ¿La nuestra debe ser una sociedad donde no haya malestar o nada que lo provoque? ¿Debe ser una sociedad basada en el éxito y en la felicidad absoluta? ¿Un lugar donde todo es posible? ¿Donde, si sufro, es que no estoy bien?
Hay que fomentar en la sociedad la visión de la persona humana en toda su complejidad, no sólo con las partes fuertes, potentes y exitosas, sino también de la mano de nuestras vulnerabilidades y debilidades. La sociedad de hoy en día tiende a eliminar cualquier rastro, pero integrar todas estas partes nos puede ayudar a prevenir, nos fortalece y, en definitiva, contribuye a hacer más llevadero nuestro sufrimiento.
Los abordajes de estrategias de detección precoz del riesgo son importantes para la prevención del suicidio, pero tenemos que ir más allá e implementar una «cultura de la Salud Mental», aceptando la importancia de cuidar nuestra salud mental, como parte indisociable del cuidado de la salud global, y que no sea un tema tabú. Muchos jóvenes y adolescentes nos reprochan que sea un tema del que cuesta mucho hablar y algunos reivindican, como he dicho antes, que haya alguna asignatura relacionada en el currículo escolar.
Facilitar la accesibilidad a los dispositivos de Salud Mental también es un factor clave, pero sobre todo hemos de acercar estos dispositivos a la escuela y a la comunidad (como por suerte, ya hace un tiempo que se está impulsando). Más que eso: que no sea cuestión de «llevarlos» sino de «estar» (como parte de una cultura que ya esté presente). Por eso es tan importante generar esta cultura favoreciendo e integrando la emocionalidad y el sufrimiento psíquico/mental como algo inherente a la persona humana, atendiendo y entendiendo este aspecto de forma integrada en el resto.
En este sentido, hemos de recordar la importancia del ámbito familiar con respecto a este «generar cultura». Hablar de la familia nos llevaría a un capítulo aparte, pero no puedo dejar de señalar el papel clave que tienen las familias tanto en el aprendizaje y el desarrollo físico, psíquico, emocional y social como en cuanto a la contención y gestión del sufrimiento.
Por lo tanto, tenemos que seguir ayudando a los agentes cercanos a los jóvenes/adolescentes y a sus familias a estar en disposición y abiertos a todo este ámbito que socialmente estamos acostumbrados a ocultar y callar. Y se hace necesario favorecer entornos donde podamos normalizar este tema y que forme parte de nuestro día a día. A pesar de los avances en los últimos tiempos, sigue siendo bastante difícil poder integrar la Salud Mental. Pero también es cierto que con la pandemia ha habido una toma de conciencia que no habíamos visto antes y esta es una oportunidad que debemos saber aprovechar.
*Cristina Carbó es psicóloga clínica y psicoterapeuta. Trabaja en el CSMIJ (Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil) de Sant Andreu, gestionado por la FETB, y colabora con el servicio Konsulta’m.
(*) «Konsulta’m» es un espacio de apoyo y orientación psicológico que tiene como prioridad atender a la población infantil, adolescente y adulta joven para detectar y atender de forma preventiva el sufrimiento psicológico y los problemas de salud mental de la juventud. El espacio también ofrece asesoramiento a los profesionales que trabajan con grupos de adolescentes o de jóvenes, así como a sus familias. En total, el Ayuntamiento de Barcelona ha creado 11 puntos Konsulta’m en la ciudad. La FETB gestiona dos: el de San Andrés y el de Gracia.
Consulta también:
¿Qué podemos hacer las familias en la prevención del suicidi0?

“Es importante establecer espacios de comunicación emocional en el entorno familiar”

¿Qué podemos hacer a nivel individual en la prevención del suicidio?

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